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Es idéntico a Milei y la gente no deja de pedirle fotos: su historia es conmovedora

Lo que comenzó como un día común en el campo terminó convirtiéndose en una auténtica revolución digital para Diego Barreto, un joven de 30 años oriundo de Gualeguay, Entre Ríos. Trabajador rural, camionero y amante de la vida tranquila, jamás imaginó que su rostro detonaría semejante fenómeno viral. Pero así ocurrió: un video casual, subido por un amigo, lo mostró con un sorprendente parecido al presidente Javier Milei, y desde entonces “el peluca gualeyo” no tuvo un minuto de paz.

En cuestión de horas, las imágenes recorrieron TikTok, Instagram y X. Según contó el propio Diego, “me explotó el celular, está saturado de mensajes y notificaciones”, una situación que lo tomó por completo desprevenido. Su rutina, antes dividida entre el manejo del camión, el trabajo con la hacienda y las reuniones con amigos, quedó atravesada por miles de personas queriendo saber quién era ese hombre que parecía un clon del mandatario.

“La verdad, nunca imaginé que iba a pasar esto. Todo se fue de las manos”, relató. Explicó además que su look —patillas marcadas, pelo revuelto y ausencia de barba— no surgió de una imitación: “Siempre fui así, es mi corte de toda la vida”. Sin embargo, el parecido es tan marcado que en la ruta lo paran para sacarse fotos, lo saludan desde los autos y hasta le gritan ‘¡Milei!’ por la ventanilla.

La repercusión, lejos de limitarse al humor, ya le abrió puertas inesperadas. “Me llaman de negocios para grabar publicidad, y hasta de la tele. Mis amigos no lo pueden creer”, comentó entre risas.

Aun así, Diego mantiene cierta distancia respecto a las comparaciones: “No soy un hermano perdido de Milei ni tengo ningún parentesco. Tampoco quiero nada del Presidente. Solo quiero trabajar tranquilo”.

Pero hay algo que sí lo entusiasma: la posibilidad de conocerlo. “Si me invita, voy y canto, no hay drama”, dijo con tono risueño. Confesó que hace un tiempo pensó en emigrar, cansado de la situación del país, pero que ahora siente algo distinto: “En mis ojos veo futuro”.

El fenómeno excedió lo estético. Diego, sin proponérselo, se convirtió en una especie de símbolo espontáneo de cómo una persona común puede volverse viral de un día para el otro, sin campaña, sin estrategia y solo con la fuerza impredecible del algoritmo.

“Yo soy feliz acá, con mis amigos, el campo y la música. Nada más. Pero esto… esto fue una locura”, concluyó.

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