Enloqueció Maduro: tiene insomnio y lee una Biblia China por las noches
A casi cuatro meses de su arresto en la llamada “Operación Resolución Absoluta”, el exmandatario venezolano Nicolás Maduro continúa recluido en el Metropolitan Detention Center (MDC) de Brooklyn, en Nueva York, rodeado de acusaciones graves y un proceso judicial en plena marcha. Y, según recientes testimonios, su vida tras las rejas ha tomado un giro llamativo que ya genera repercusión internacional.
Reportes basados en declaraciones de un excompañero de celda describen que Maduro sufre de insomnio y protagoniza episodios nocturnos en los que grita desde su celda. Desde su lugar de reclusión se habrían escuchado frases como “¡Soy el presidente de Venezuela! ¡Díganle a mi país que me han secuestrado!”, lo que ha sido interpretado por algunos observadores como signos de tensión emocional en medio del aislamiento carcelario.
Las condiciones dentro del MDC son conocidas por ser duras y estrictas. Según las mismas fuentes, Maduro se encuentra alojado en la unidad 4 Norte, en una celda compartida con otras personas. Allí, las camas están agrupadas sin almohadas, y las duchas y espacios personales son reducidos, lo que, según quienes lo describen, contribuye a una rutina difícil y poco confortable para cualquier detenido, y mucho más para uno acostumbrado al poder y al palacio presidencial.
Uno de los aspectos más llamativos del comportamiento del exlíder chavista es su interés por la lectura religiosa dentro de la prisión. Distintos relatos señalan que Maduro ha pasado gran parte de sus días leyendo versiones diversas de la Biblia, incluyendo al menos una edición en idioma chino. “Lee todas las Biblias… justo cuando me fui, leía la Biblia china. Las lee todas y las compara”, relató su excompañero de pabellón.

Este testimonio surgió tras una nota publicada por The New Yorker, que recopiló detalles sobre la vida cotidiana de Maduro en el penal a partir de quien compartió su espacio. Además de leer textos religiosos, el expresidente ha sido descrito como una figura que enfrenta el encierro con comportamientos que para algunos resultan inusuales, incluido el mencionado insomnio y las expresiones audibles de frustración.
Este cuadro se da en el marco de un proceso judicial que enfrenta cargos serios: conspiración para narcoterrorismo, importación de cocaína, posesión de armas y otros delitos relacionados, todos parte de la acusación que las autoridades estadounidenses presentaron en su contra y que aún continúa en curso.
La situación del exmandatario no solo mantiene la atención de los medios, sino que también plantea interrogantes sobre las condiciones de detención de figuras de alto perfil y el impacto psicológico que puede tener el confinamiento prolongado, tanto en su estado emocional como en su comportamiento diario.
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