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La historia de Mortero, el perro que viajó a Malvinas y fue prisionero de guerra

En el marco de un nuevo aniversario del inicio de la Guerra de Malvinas, una historia conmovedora volvió a cobrar fuerza y emociona a todo el país. Se trata de Mortero, un perro que no solo acompañó a los soldados argentinos en el frente, sino que también vivió el conflicto en primera línea y fue tomado prisionero de guerra.

Mortero era un perro callejero que había encontrado su lugar en el Regimiento de Infantería 8 de Comodoro Rivadavia. Sin dueño definido, pero querido por todos, se convirtió en parte de la rutina militar. Acompañaba a los soldados en sus tareas diarias, recorría el terreno y siempre estaba cerca, como si entendiera que ese era su lugar.

El 2 de abril de 1982, cuando la unidad fue movilizada hacia las islas, ocurrió algo inesperado. Sin que nadie lo planeara, el perro se subió a un camión que luego fue cargado en un avión militar. Recién en pleno vuelo descubrieron que Mortero también iba rumbo a la guerra. Ya no había vuelta atrás: el animal se había convertido, sin saberlo, en un “soldado” más.

Durante su estadía en las islas, su rol fue mucho más que simbólico. Acompañó patrullas, cruzó campos minados y hasta alertaba sobre posibles ataques enemigos, comportándose como una especie de centinela natural. Los combatientes recuerdan que, en varias ocasiones, el perro anticipaba bombardeos o movimientos, lo que lo convirtió en una figura clave para la tropa.

Pero además de su aporte en el terreno, Mortero cumplía una función emocional fundamental. En medio del frío extremo, el miedo y la incertidumbre, dormía junto a los soldados en los pozos para darles calor y compañía, convirtiéndose en un símbolo de contención en uno de los momentos más duros del conflicto.

Tras 74 días de guerra, llegó el final del enfrentamiento. Sin embargo, la historia de Mortero sumó un capítulo inesperado: fue tomado como prisionero junto a los soldados argentinos. En un principio, las fuerzas británicas no querían trasladarlo, pero los propios combatientes lo defendieron con firmeza. La frase quedó para la historia: “Tiren a un soldado, pero no a Mortero”.

Finalmente, logró regresar al continente con la tropa. Sobrevivió a la guerra y volvió a la Argentina, donde continuó su vida en el regimiento antes de ser adoptado por una familia. Con el tiempo, murió de viejo, rodeado de afecto.

Hoy, su historia permanece viva. Mortero no entendía de banderas ni de conflictos, pero sí de lealtad. En medio del horror de la guerra, fue un símbolo de compañía, valentía y amor incondicional.

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