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¿Myriam Bregman es Palestina?

El cierre del Día Internacional de las Mujeres dejó una de las postales políticas más fuertes del año: el acto de Pan y Rosas, donde Myriam Bregman volvió a plantarse con un discurso cargado de definiciones ideológicas, críticas al Gobierno y un llamado a la organización del movimiento feminista y la clase trabajadora. Tras una multitudinaria movilización en el centro porteño, la dirigente del FIT-U tomó el micrófono junto a la fundadora del colectivo, Andrea D’Atri, para remarcar que esta jornada “no podía ser una más” en un contexto marcado por la reforma laboral, los cambios en el Régimen Penal Juvenil y el avance de proyectos que —según la izquierda— amenazan derechos históricos.

D’Atri abrió el acto recordando que las mujeres “no solo somos trabajadoras, sino también quienes cargamos con las tareas de cuidado que el Estado no reconoce”. Desde allí, Bregman retomó el hilo y desplegó un mensaje que impactó por su dureza y amplitud: condenó el capitalismo, el imperialismo y la militarización global, citando los ataques en Gaza, los bombardeos en Irán y la violencia contra migrantes en Estados Unidos.

Para la diputada, “este sistema no tiene nada que ofrecerle a las mujeres, a las disidencias ni a la juventud”, y ese fue el punto de partida para unir las luchas locales con los conflictos internacionales. Con la bandera palestina como símbolo, Bregman remarcó que las feministas “están en las calles, luchando por Gaza y contra todas las intervenciones imperialistas que jamás trajeron libertad”.

La dirigente también apuntó directamente al Congreso argentino: recordó que solo el Frente de Izquierda votó contra la baja de la edad de punibilidad, denunciando una tendencia a “criminalizar a los pibes” mientras se profundizan las desigualdades. En uno de sus momentos más encendidos, alertó sobre la derogación de la ley de glaciares, afirmando que “nos están robando el planeta” y denunciando un avance extractivista impulsado tanto por Milei como por gobernadores peronistas.

Bregman no evitó la interna política: aseguró que el peronismo “se puso una urna en la cabeza hasta 2027”, criticó el rol de la CGT durante la reforma laboral y llamó a recuperar sindicatos y centros de estudiantes. Además, reivindicó la unidad con sectores obreros —como los trabajadores de Fate— y subrayó que Pan y Rosas marchó “en más de 15 países” contra la guerra imperialista.

El cierre fue un llamado directo a la acción: “Organizarse es urgente. No podemos esperar más. La clase trabajadora necesita su propia herramienta política”. Una frase que resumió el espíritu de una jornada que, para la izquierda, fue más que una marcha: fue un posicionamiento político frente a un país en tensión.

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