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Axel Kicillof y una medida que dejará sin comida a los comedores de la PBA

El gobierno bonaerense quedó en el centro de la escena política luego de que Axel Kicillof decidiera suspender el plan MESA, el programa de asistencia alimentaria creado durante la pandemia. La medida implica que miles de comedores en toda la provincia dejarán de recibir alimentos, generando un impacto inmediato en familias que dependen de esa ayuda para subsistir.

El Módulo Extraordinario para la Seguridad Alimentaria había sido implementado en 2020 como una herramienta de emergencia para asistir a los sectores más vulnerables. Sin embargo, lejos de ser transitorio, se mantuvo activo incluso después de finalizadas las restricciones sanitarias, convirtiéndose en un sostén clave ante el deterioro del poder adquisitivo. Por eso, su interrupción marca un cambio drástico en la postura del gobierno provincial, que durante años resaltó su compromiso con la ayuda social.

La decisión de recortar la asistencia alimentaria en lugar de ajustar la estructura estatal generó fuertes cuestionamientos. Con una caída notable en la recaudación y un déficit creciente, muchos esperaban que el ajuste proviniera de áreas vinculadas al gasto político o a programas de corte ideológico. Sin embargo, Kicillof optó por impactar directamente en quienes menos tienen, desatando críticas tanto internas como externas.

En una reunión con intendentes y funcionarios, quedó en evidencia que la prioridad del Ejecutivo provincial es sostener la planta estatal, aun cuando esto implique resignar fondos destinados a comedores. El mensaje fue claro: ante la imposibilidad de financiar simultáneamente programas sociales, obra pública, subsidios y salarios, la asistencia alimentaria quedó relegada.

Este episodio también expone una fragilidad política dentro de la gestión bonaerense. La necesidad de debatir decisiones críticas dentro de un peronismo fracturado revela un liderazgo debilitado y condicionado por tensiones internas. Mientras algunos dirigentes advertían que “la comida no se toca”, el sector alineado al kirchnerismo impulsó el recorte, aun sabiendo que afectaría a los sectores más vulnerables.

La suspensión del plan MESA no es un simple ajuste administrativo: marca un quiebre en las prioridades del gobierno provincial. Las familias que dependen de los módulos alimentarios serán las primeras en sentir el golpe, mientras la administración intenta sostener gastos que no están vinculados directamente a las necesidades urgentes de la población.

Con un presupuesto en crisis, un frente interno desgastado y una oposición que ya prepara su ofensiva, la decisión deja al descubierto el costo social del desorden fiscal. El espacio que durante años aseguró ser el garante de la contención social enfrenta ahora su contradicción más evidente.

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