Máximo Thomsen rompió el silencio: ¿Quien es la mujer con la que tuvo un romance en la cárcel?
A cinco años del crimen de Fernando Báez Sosa, uno de los condenados por el hecho, Máximo Thomsen, volvió a hablar desde la cárcel y sorprendió al revelar nuevos detalles sobre la relación afectiva que mantuvo durante su detención. El joven de 25 años, alojado junto a los otros siete rugbiers condenados en la Alcaidía N°3 de Melchor Romero, profundizó en cómo vivió ese inesperado vínculo que nació tras las rejas y que marcó una etapa emocionalmente intensa en su encierro.
Thomsen ya había mencionado este romance en mayo de 2024, cuando brindó su primera entrevista televisiva. En aquel momento, confesó: “Deseo salir para buscarla”, dejando en claro que ese vínculo se había convertido en un pilar importante en medio de su situación judicial. Sin embargo, ocho meses después, el panorama cambió. En diálogo reciente, aseguró que ya no están en pareja, aunque “seguimos en contacto por el afecto que nos tenemos”.
Según contó, la relación comenzó de manera inesperada. “Me acerqué por mensaje y empezó algo que nunca imaginé”, relató. La mujer, cuya identidad nunca fue revelada, habría mantenido contacto constante con él durante dos años, visitándolo y acompañándolo emocionalmente. Thomsen afirmó que fue un apoyo clave mientras atravesaba uno de los momentos más difíciles de su vida. Pero la presión mediática y las consecuencias del caso llevaron a que ella se alejara “para poder seguir con su vida”.

Cada vez que habló públicamente, Thomsen dejó entrever la enorme carga emocional que siente en prisión. “Extraño todo: mi familia, mis amigos, trabajar con mi papá”, dijo al recordar su vida antes del crimen. Aseguró que su papá suele enviarle mensajes diciéndole que lo necesita, y que su mamá también lo mantiene fortalecido. “Me rompe el corazón no poder verlos”, confesó.
Respecto a su día a día en la cárcel, la rutina de los ocho rugbiers se mantiene estricta desde 2020. Están alojados en celdas de a dos y se encuentran separados del resto de la población. Según fuentes penitenciarias, no cuentan con privilegios, sino que se respetan sus derechos como detenidos, tal como establece la normativa. “La cárcel debe ser un espacio de resocialización”, explicó su abogado Francisco Oneto, al remarcar que las condiciones de alojamiento responden a normas internacionales.
En Melchor Romero, los jóvenes realizan actividades recreativas en el patio y participan en talleres de lectura y alfabetización jurídica. Una rutina que intenta llenar el vacío de una vida que cambió para siempre.
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